MUGRE (2020)

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 El confinamiento trajo consigo mucho temor e incertidumbre, removió mis angustias más escondidas. Justo en medio del inicio de la cuarentena que vivimos en Colombia, mi obsesividad quiso desbordarse. No recuerdo desde cuándo he sentido una necesidad imperiosa de orden y limpieza, en un afán por equilibrar un cierto caos interno. Al cabo de una semana noté que estaba no solo limpiando sino cazando minúsculos indicios en el suelo de mi apartamento, una pelusa, una rayita, “un mugrecito”. 

Decidí continuar rastreando la mugre, pero esta vez con mi cámara, inicié por lo más evidente y molesto: manchas y pelos. Días después me deparé con las hojas y flores desprendidas de la enredadera plantada en el balcón. Nunca fueron tan lindas, tan frágiles, tan etéreas. Solo teniendo el estatus de desecho y acurrucándome para mirarlas, por primera vez a través del lente, pude verlas. 

Mary Douglas (1992) explica que la suciedad no tiene una definición objetiva: es una convención social que resulta de un largo proceso de construcción. La suciedad deriva simplemente del hecho de que se considera que una materia particular no está en su lugar. La tierra no es sucia en sí; se vuelve sucia cuando está por el suelo de la casa o cuando se nos pega en los zapatos. 

 

Solo a través de la experiencia estética logré resignificar lo naturalizado. 

© 2018 by Bibiana Peña. Todos los derechos reservados.